EVALUACIONES DE BEHAVIORAL ECONOMICS EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Actualizado: abr 18






El mundo ha cambiado y seguramente lo ha hecho para siempre. Nuestros ritmos y estilos de vida se han visto alterados bruscamente debido a la aparición del COVID-19, un virus que se ha extendido fugazmente y que mantiene a la mayor parte de la población confinada en sus domicilios. Y es que nos enfrentamos a una crisis sanitaria sin precedentes, originada por una pandemia nunca antes vista que afecta prácticamente a todos los rincones del mundo. Ante esta situación, nos vemos navegando en la incertidumbre permanente, tanto personal como profesionalmente, y esto puede hacer que nuestro comportamiento y nuestras decisiones se vean alterados, impactando directamente en nuestro entorno social, físico y digital. En una crisis como esta, donde los contagios se dan por contacto personal y las estrategias individuales de prevención son cruciales para el control de la pandemia, el comportamiento de las personas ha de ponerse en el centro del debate.

Dada nuestra experiencia en el estudio del comportamiento humano, en Behave4 sabemos de la importancia de poner en relación las circunstancias actuales con el comportamiento de las personas para poder predecir patrones y diseñar intervenciones efectivas. Algunas preguntas clave en este sentido son: ¿qué perfiles comportamentales tienen las personas que más se preocupan por la crisis del COVID-19? ¿Ser directamente afectado/a por el virus está asociado a cambios de comportamiento? Dar respuesta a preguntas de este tipo tiene importantes implicaciones, tanto desde el punto de vista del diseño de políticas públicas como desde el punto de vista organizacional. Como empresa pionera en la aplicación de técnicas de Behavioral Economics (Economía del Comportamiento) a la gestión de Recursos Humanos (véase Samson, 2019), hemos querido poner nuestro expertise en la evaluación de perfiles comportamentales al servicio del estudio de la crisis del COVID-19. HGHLIGHTS

1) Las personas que más se preocupan por la crisis del COVID-19 son las personas más confiables (con mayor reciprocidad positiva) y las menos egoístas.

2) La percepción de estar directamente afectado/a por el COVID-19 puede inclinarnos a tomar decisiones más impacientes.

NUESTRA APORTACIÓN Desde Behave4 hemos querido así aprovechar nuestra tecnología para arrojar luz sobre los efectos de la actual situación en algunas de las preferencias y comportamientos más comúnmente evaluados por las empresas. Para ello, realizamos un estudio online en el que los/as participantes obtenían (sin coste) un informe personal acerca de su comportamiento en lo que denominamos “juegos económicos”. El informe proporcionado a los/as participantes es similar al informe que reciben las empresas cuando evalúan a sus trabajadores/as o aspirantes usando nuestra metodología basada en Behavioral Economics. Algunas medidas reportadas en el informe de cada participante se refieren, por ejemplo, a sus niveles de aversión al riesgo y a las pérdidas, de orientación al largo plazo, de compasión, o de confianza y confiabilidad. De esta forma, el equipo de Behave4 brinda sus servicios desinteresadamente para sumar nuestro granito de arena por medio de una iniciativa que es a la vez lúdica para los/as participantes e informativa desde el punto de vista personal y científico. Nuestra aportación se fundamenta en usar nuestras medidas individuales de preferencias y comportamientos, obtenidas mediante juegos económicos, para predecir una serie de variables de interés, de forma similar a lo que acostumbramos a hacer en uno de los servicios de Behave4 más demandados. En el caso de las empresas, las variables a predecir suelen ser los KPIs (Key Performance Indicators) de desempeño en el trabajo, es decir, se trata de obtener el perfil comportamental de los trabajadores o equipos más productivos. En este caso, usaremos dos variables principales relacionadas con el objeto de estudio: la preocupación de cada persona con la crisis del COVID-19 y su percepción sobre la posibilidad de haber sido infectada por el virus. En resumen, gracias a los datos que hemos recogido en nuestro estudio piloto basado en juegos económicos, hemos sido capaces de obtener algunos resultados muy interesantes que ponen en relación la crisis del COVID-19 con nuestro estilo comportamental. Desde Behave4, queremos compartir esta experiencia y conocimiento con todos/as vosotros/as. JUEGOS ECONÓMICOS La metodología basada en Behavioral Economics ofrece muchas ventajas fundamentales a la hora de medir las preferencias y comportamientos en comparación con otras técnicas más tradicionales (Espín et al., 2017, Samson, 2019). En primer lugar, las mediciones se basan en juegos económicos estándar que, a diferencia de los cuestionarios auto reportados, nos permiten observar comportamientos concretos en vez de actitudes o intenciones. Los juegos económicos implican la toma de decisiones reales, con consecuencias económicas reales, y esto supone una ventaja importante con respecto al uso de otras técnicas de evaluación. En un juego económico los participantes, o “jugadores”, tienen que tomar decisiones que implican el uso de dinero real (recompensa metodológica) diseñadas para que las opciones elegidas permitan distinguir entre diferentes preferencias (lo que se denomina “incentivo compatible”; Smith, 1976). Por otro lado, este tipo de decisiones reducen considerablemente el efecto del sesgo de deseabilidad social, presente en la mayoría de los métodos de evaluación tradicionales. Nuestros juegos económicos no son contexto-dependientes, por lo que las decisiones que llevan implícitas están configuradas en base a situaciones abstractas para evitar que la persona las asocie a experiencias vitales concretas. Por esta razón, las personas evaluadas no perciben claramente qué variable está siendo evaluada y, por tanto, no pueden optar por respuestas que estén mejor valoradas socialmente o adaptarse a un objetivo particular. Gracias a las ventajas que proporciona la metodología que aplicamos, podemos evaluar de una manera objetiva, fiable y práctica las preferencias comportamentales de las personas y predecir comportamientos futuros. EL ESTUDIO ONLINE El estudio ha sido posible gracias a nuestra plataforma de evaluación online Behave4 Diagnosis. Con ánimo de sumarnos a toda una avalancha de iniciativas sociales para ser positivos en estas circunstancias de aislamiento, aprovechamos la versatilidad de Behave4 Diagnosis y ofrecimos a cualquier usuario anónimo una evaluación gratuita de algunas de las variables comportamentales más evaluadas por las empresas en sus procesos de selección. El objetivo de este estudio es doble: por un lado, queríamos conocer posibles implicaciones de la situación actual sobre el comportamiento económico y, por otro, comprobar cómo se desenvuelve Behave4 Diagnosis en un contexto de participación masiva (y descontrolada), en lugar de realizarse en el entorno controlado de la empresa. La ventaja de utilizar juegos económicos es que nos permiten medir preferencias comportamentales reales y no auto reportadas. Por ejemplo, en un juego económico para medir la orientación al largo plazo, el participante debe responder si prefiere una cantidad de dinero en una fecha cercana (en nuestro caso, 45€ dentro de un mes) o una cantidad mayor en una fecha más alejada (en nuestro caso, desde 48€ hasta 72€ a recibir dentro de dos meses). Las personas que están dispuestas a esperar un mes extra por una cantidad pequeña (por ejemplo, 48€) están más orientadas al largo plazo que quienes requieren una cantidad mayor para esperar (por ejemplo, 72€). El estudio contenía varios juegos económicos de este tipo y los datos se recogieron entre el viernes 2 de abril y el lunes 6 de abril de 2020. Tras realizar los juegos económicos, los participantes rellenaron un cuestionario demográfico que incluía preguntas relacionadas con el COVID-19. Tanto los juegos como el cuestionario podían realizarse en español o en inglés, y no requerían más de 10-15 minutos en total. Como mencionamos antes, una de las finalidades de este estudio era servir como piloto para comprobar el desempeño de nuestra metodología cuando se realizan evaluaciones con llamamientos masivos y “descontrolados”. La publicación del estudio fue difundida por nuestras principales redes sociales en Twitter y LinkedIn, además de por algunos foros y canales privados de varios sectores empresariales. En el llamamiento ofrecíamos a cualquier interesado/a la posibilidad de recibir un informe gratuito y automático sobre su comportamiento a través de nuestra plataforma. La participación y las decisiones eran completamente anónimas, como es estándar en la metodología de Behavioral Economics. Además, anunciamos que después de cada participación se sortearía la posibilidad de ganar el dinero correspondiente a una decisión tomada durante los juegos económicos. Una persona de cada 100 participantes era elegida, mediante otro juego tipo sorteo al final de su participación, para recibir el dinero real asociado a una de sus decisiones durante los juegos, también elegida aleatoriamente. Las decisiones implicaban cantidades importantes ya que, si salía ganadora, una persona podía ganar desde 0€ hasta 500€. Esto es fundamental para nuestra metodología: la persona evaluada debe saber que las decisiones que toma en los juegos tienen consecuencias económicas reales, a veces incluso para el bolsillo de otras personas. De hecho, hubo varias personas afortunadas que ya recibieron su recompensa. La ganancia media fue de 32€ y los pagos se realizaron a través de PayPal de forma segura, anónima y rápida. LAS VARIABLES COMPORTAMENTALES EVALUADAS Los resultados que mostramos recogen solo algunas de las 14 preferencias comportamentales que evaluamos y se incorporaron al informe. En concreto, solo mencionamos aquí las medidas que resultan en relaciones estadísticamente significativas con las variables relacionadas con el COVID-19. Por un lado, incluimos variables relacionadas con el estilo de toma de decisiones. Un ejemplo es la orientación al largo plazo que se menciona más arriba, que distingue entre personas que valoran más el largo plazo en sus decisiones (“pacientes”) y personas con una preferencia mayor por el corto plazo (“impacientes”). Por otro lado, también incluimos medidas sobre preferencias sociales distributivas. Estas medidas se obtienen usando juegos de distribución de recursos entre varias personas (Charness & Rabin, 2002). Un primer ejemplo es la eficiencia social. La eficiencia social es la preferencia por maximizar el bienestar total de un grupo de personas, independientemente de cómo se distribuya este entre las personas del grupo. Otro ejemplo sería el igualitarismo, que se refiere a la preferencia por minimizar la diferencia entre bienestar de los miembros de un grupo. La motivación que suele estar en conflicto con cualquiera de estas preferencias sociales es, obviamente, el egoísmo: la preferencia por maximizar el bienestar propio sin tener en cuenta el de las demás personas. Nuestra evaluación también contenía una medida de egoísmo. Finalmente, incluimos medidas de comportamiento social como la confianza y la confiabilidad. Estas variables se miden usando juegos de confianza (Berg et al., 1995). Se trata de que una persona, que hace de jugador 1, decide si mandar una cantidad de dinero al jugador 2 (confiar en él) y el jugador 2 decide si devolverle el favor (mostrarse confiable) o quedárselo todo. La decisión como jugador 1 mide el nivel de confianza en los demás y la decisión como jugador 2 mide el nivel de confiabilidad o reciprocidad positiva. En el apéndice A desglosamos las definiciones de todas las medidas obtenidas. En el apéndice B se incluye un ejemplo (ficticio) del informe ofrecido al terminar la participación. RESULTADOS DEL ESTUDIO PILOTO Para ofrecer resultados que sean relativamente conservadores teniendo en cuenta la heterogeneidad de nuestros participantes, asumimos como resultado significativo solo aquél que se cumple con un nivel de confianza superior al 90% (modelo de regresión lineal) en dos muestras diferentes: (i) la muestra total de participantes (usando solo la primera participación para las direcciones IP que aparecían con más de una participación: 408 participantes) y (ii) una muestra restringida a participantes residentes en España, con IP única y con una participación fiable (decisiones consistentes en más del 50% de los casos), lo que resulta en un total de 258 participantes. La muestra final con IP única cuenta con un total de 408 participantes (33% mujeres) con una edad media de 35 años (Desviación Típica = 13 años), y reúne personas de 26 países diferentes incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Italia, o Irán. La mayoría de las personas que participaron en el estudio, sin embargo, residían en España (79%). Pasamos ya al objetivo principal del estudio, que era indagar sobre la relación entre factores asociados al COVID-19 y las preferencias comportamentales. En primer lugar, nos centramos en la preocupación de los/as participantes con la crisis del COVID-19, medida a través de la pregunta “¿Cómo de preocupado/a estás por la actual crisis del Cov-19?”. Las respuestas a esta pregunta podían ir desde 1 hasta 7, desde “nada preocupado/a” hasta “muy preocupado/a”. Aquí, observamos que las personas que puntúan más alto en nuestra escala comportamental de egoísmo están significativamente menos preocupadas por la crisis del COVID-19 que quienes presentan valores más bajos de egoísmo. Asimismo, las personas clasificadas como confiables mediante nuestros juegos (es decir, las que devuelven el favor recíprocamente a quien confía en ellas) están significativamente más preocupadas por la actual crisis del COVID-19 que las personas no confiables. (ver Figura 1, panel derecho).


Figura 1: Preocupación por la crisis del COVID-19 en función de la puntuación en la escala de egoísmo (panel izquierdo) y confiabilidad (panel derecho). Valores medios (n=408). Las barras de error representan error típico de la media (SEM). Estos resultados apuntan en la misma dirección que señalan otros estudios recientes sobre el COVID-19. Por ejemplo, Jordan et al. (2020), mediante un estudio online en Estados Unidos, encuentran que los mensajes que ponen el foco en no contagiar a los demás (mensajes prosociales: “lávate las manos para no contagiar a los demás”) son más efectivos a la hora de promover diferentes estrategias de prevención del COVID-19 que los mensajes que ponen el foco en no contagiarnos a nosotros mismos (mensajes de interés propio: “lávate las manos para no contagiarte”). Según nuestros resultados preliminares, el estar preocupado/a por la crisis del COVID-19, como sucede con el hecho de llevar a cabo estrategias de prevención, parece tener que ver con mirar el mundo desde una perspectiva más centrada en los demás que en uno mismo. De forma similar, el que los/as participantes más confiables (con mayor reciprocidad positiva) se muestren más preocupados/as puede indicar que las personas se preocupan más por la situación actual cuanto más perciben que lo hacen las demás, como si la preocupación por la situación fuera un tipo de norma social. Por otro lado, estudiamos la percepción de los/as participantes acerca de la posibilidad de estar o haber sido infectados por el virus mediante la pregunta “¿Estás o has sido infectado/a con anterioridad por el Cov-19?”. Las posibles respuestas eran “Sí, he dado positivo en el test”, “Probablemente sí, pero no he hecho el test”, “Probablemente no, pero no he hecho el test”, “Definitivamente no, he dado negativo en el test”. Ninguno/a de nuestros participantes respondió que había dado positivo en el test, así que nos centramos en las otras tres posibles respuestas. En relación con esta variable, encontramos un resultado interesante respecto a las preferencias temporales, es decir, nuestra medida comportamental de orientación al largo plazo. Las personas que respondieron “Probablemente sí, pero no he hecho el test”, muestran preferencias significativamente más impacientes (es decir, con menor orientación al largo plazo) que las personas que estaban más seguras de no haber sido infectadas (ver Figura 2). Este resultado sigue la lógica de la literatura científica que indica que nuestra actitud hacia el tiempo se ve afectada por la incidencia de eventos relevantes que impactan sobre nuestra mortalidad, salud o estabilidad (e.g., Frankenhuis et al., 2016, Kuralbayeva et al., 2019). Según los resultados de nuestro estudio, la percepción de estar directamente afectado/a por el COVID-19 puede inclinarnos a tomar decisiones más impacientes, es decir, a otorgar más peso al corto plazo que al largo plazo.


Figura 2: Escala de Orientación a largo plazo en función de las respuestas al ítem "¿Estás o has sido infectado/a con anterioridad por el Cov-19?". Valores medios (n=408). Las barras de error representan error típico de la media (SEM). Además de estos resultados relacionados con el COVID-19, hemos obtenido otros que replican lo obtenido anteriormente en la literatura científica y que, por tanto, nos reafirman en nuestra confianza sobre la validez informativa de los datos recogidos. De esta forma, por ejemplo, observamos que las personas más orientadas al largo plazo son menos competitivas/envidiosas y más socialmente eficientes (Crockett et al., 2010, Espín et al., 2015, 2019). También observamos que las personas más egoístas confían menos en los demás y además son menos confiables, que las personas más altruistas confían más en los demás y que las personas más equitativas son más confiables (Ashraf et al., 2006, Espín et al., 2016). CONCLUSIONES La realización de este estudio piloto nos ha permitido cumplir varios objetivos. En primer lugar, hemos demostrado el buen funcionamiento de nuestra plataforma, Behave4 Diagnosis, para recoger datos fiables de manera remota y a gran escala. Incluso hemos conseguido replicar varios de los resultados más consistentes en la literatura de Behavioral Economics. Por medio de unos datos que muestran fiabilidad, por tanto, hemos podido revelar algunos aspectos de especial interés sobre la relación existente entre la crisis del COVID-19 y las preferencias comportamentales de las personas, que además están en línea con estudios científicos recientes. Nuestros resultados sugieren que las personas que más se preocupan por la crisis del COVID-19 son las personas más confiables (con mayor reciprocidad positiva) y las menos egoístas, de lo que se puede inferir que quienes se preocupan más no lo hacen de forma egoísta sino prosocial, como siguiendo una norma social de reciprocidad generalizada. Otra implicación importante de este resultado es que mediante los perfiles comportamentales de las personas se podría predecir quién se preocupará más, con todo lo que ello implica, en una situación dramática como esta y esto nos permitiría anticiparnos y hacer intervenciones específicas dirigidas a cada tipo de persona. Por otro lado, también encontramos indicios de que percibir un mayor peligro para la propia salud, es decir, percibir mayor probabilidad de estar infectado, está asociado con una mayor orientación hacia el corto plazo. El hecho de que el COVID-19 impacte sobre las preferencias temporales de esta forma, pese a ser una respuesta aparentemente adaptativa en un contexto de incertidumbre, puede tener consecuencias no siempre positivas sobre multitud de comportamientos. No en vano, la lista de situaciones que implican un trade-off entre beneficios/costes de corto y de largo plazo es interminable (dentro de las organizaciones, por ejemplo, sobresalir para buscar un ascenso, cooperar con el resto del equipo, esforzarse para conseguir un bonus anual o recriminar a otras personas su comportamiento). Entender estos cambios de comportamiento es crucial para ser capaces de predecirlos y manejarlos con éxito. A modo de conclusión, nuestros resultados sugieren: (i) que las personas con unos perfiles comportamentales determinados están más predispuestas a preocuparse por situaciones dramáticas como la actual y (ii) que el contexto actual de incertidumbre y riesgo para la salud puede afectar a nuestras preferencias comportamentales, en particular, a nuestra orientación al largo plazo.

REFERENCIAS Ashraf, N., Bohnet, I., & Piankov, N. (2006). Decomposing trust and trustworthiness. Experimental Economics, 9(3), 193-208. doi: 10.1007/s10683-006-9122-4 Berg, J., Dickhaut, J., & McCabe, K. (1995). Trust, reciprocity, and social history. Games and Economic Behavior, 10(1), 122-142. doi: 10.1006/game.1995.1027 Charness, G., & Rabin, M. (2002). Understanding social preferences with simple tests. The Quarterly Journal of Economics, 117(3), 817-869. doi:10.1162/003355302760193904 Crockett, M. J., Clark, L., Lieberman, M. D., Tabibnia, G., & Robbins, T. W. (2010). Impulsive choice and altruistic punishment are correlated and increase in tandem with serotonin depletion. Emotion, 10(6), 855-862. doi:10.1037/a0019861 Espín, A. M., Correa, M., & Ruiz-Villaverde, A. (2019). Patience predicts cooperative synergy: The roles of ingroup bias and reciprocity. Journal of Behavioral and Experimental Economics, 83, 101465.doi: 10.1016/j.socec.2019.101465 Espín, A. M., Exadaktylos, F., Herrmann, B., & Brañas-Garza, P. (2015). Short-and long-run goals in ultimatum bargaining: impatience predicts spite-based behavior. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 9, 214.doi: 10.3389/fnbeh.2015.00214 Espín, A. M., Exadaktylos, F., & Neyse, L. (2016). Heterogeneous motives in the trust game: a tale of two roles. Frontiers in Psychology, 7, 728. Doi: 10.3389/fpsyg.2016.00728 Espín, A. M., Reyes-Pereira, F., & Ciria, L. F. (2017). Organizations should know their people: A behavioral economics approach. Journal of Behavioral Economics for Policy, 1(S), 41-48. Frankenhuis, W. E., Panchanathan, K., & Nettle, D. (2016). Cognition in harsh and unpredictable environments. Current Opinion in Psychology, 7, 76-80. doi: 10.1016/j.copsyc.2015.08.011 Jordan, J., Yoeli, E., & Rand, D. G. (2020). Don’t get it or don’t spread it? Comparing self-interested versus prosocially framed COVID-19 prevention messaging. doi:10.31234/osf.io/yuq7x Kuralbayeva, K., Molnar, K., Rondinelli, C., & Wong, P. Y. (2019). Identifying Preference Shocks: Earthquakes, Impatience and Household Savings. Mimeo. https://editorialexpress.com/cgibin/conference/download.cgi?db_name=ESWM2019&paper_id=622 (16/04/2020) Samson, A. (Ed.) (2019). The Behavioral Economics Guide 2019 (with an Introduction by Uri Gneezy). Pp. 50-62. https://www.behavioraleconomics.com/the-be-guide/the-behavioral-economics-guide-2019/ (16/04/2020) Smith, V. L. (1976). Experimental economics: Induced value theory. The American Economic Review, 66(2), 274-279.


Apéndice A: Definiciones de variables incluidas en el estudio Razonamiento estratégico: Se refiere a la habilidad para entender cómo piensan otras personas, de tal forma que el individuo pueda anticipar el comportamiento de los demás para tomar decisiones ajustadas al contexto a fin de maximizar el bienestar. En otras palabras, el razonamiento estratégico mide la capacidad para comprender cómo de inteligentes/estratégicas son otras personas. Nivel de razonamiento: Se refiere a la capacidad para resolver problemas iterativos complejos utilizando la "inducción hacia atrás", es decir, el proceso de razonamiento que va hacia atrás en el tiempo teniendo en cuenta el comportamiento esperado de otras personas (como se hace, por ejemplo, al jugar al ajedrez). Orientación a largo plazo: Se refiere a las diferencias existentes en la valoración relativa de recompensas (monetarias o no) en distintos momentos temporales. Las personas tienden a preferir recompensas cercanas en el tiempo frente a otras más alejadas, aunque estas últimas sean mayores. Aversión al riesgo: Se refiere a la preferencia por valores con poca volatilidad. Conduce a preferir opciones con un grado de riesgo reducido antes que otras más arriesgadas, aunque estas últimas estén asociadas a una mayor rentabilidad (económica o no económica). Neutralidad al riesgo: Se refiere a la preferencia por maximizar el beneficio esperado cuando toma decisiones bajo incertidumbre, sin tener en cuenta el nivel de riesgo de las diferentes opciones. Aversión a las pérdidas: Se refiere a la tendencia a valorar más las pérdidas que las ganancias, lo que a menudo lleva a evitar tomar riesgos cuando existe la posibilidad de perder algo. Psicológicamente, la magnitud de la insatisfacción asociada a perder una determinada cantidad, en promedio, duplica a la magnitud de la satisfacción ligada a ganar la misma cantidad. Confianza: Se refiere a la tendencia a creer que una persona o grupo actuará de manera adecuada en una determinada situación. Las personas que confían en los demás no temen quedar a expensas de otras personas porque esperan que la gente responda recíprocamente a la confianza depositada. Confiabilidad: Se refiere a la tendencia a actuar con actitud positiva y favorable hacia las demandas y expectativas de otras personas, generando confianza. Una persona es confiable cuando no aprovecha en beneficio propio la confianza que otros depositan en ella. Estrechamente ligada a la reciprocidad positiva. Envidia: Se refiere a la aversión a la desigualdad en la distribución de ganancias/ingresos cuando el individuo recibe menor cantidad que otros (posición relativa desventajosa). Las personas envidiosas sufren cuando están peor que otras personas, en términos relativos. Compasión: Se refiere a la aversión a la desigualdad en la distribución de ganancias/ingresos cuando el individuo recibe mayor cantidad que otros (posición relativa ventajosa). Las personas compasivas sufren cuando otras personas están peor que ellas, en términos relativos. Igualitarismo: Se refiere a la preferencia por minimizar las diferencias de bienestar entre las personas. Altruismo: Se refiere a la preferencia por aumentar el bienestar de otras personas. Eficiencia social: Se refiere a la preferencia por aumentar el bienestar total de un grupo de personas, sin tener en cuenta cómo se distribuye éste dentro del grupo ni las diferencias entre miembros del grupo. Egoísmo: Se refiere a la preferencia por maximizar el bienestar propio, sin tener en cuenta el bienestar de los demás. Apéndice B: Informe individual



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